24 de marzo de 2013

figuras

Mi padre pensaba donde dejar la campana de bronce. Al final, la cogió y la colgó de una percha de hierro con forma de gallo, en el patio. Me lo ha dicho en el coche ¿ves esa campana? es buena, buena, vale un dineral. La usaba mi padre para avisarnos cuando terminaba, cuando estaba en... silencio. risa. en fin. ay dios. Y arranca.

21 de marzo de 2013

tapicería

Mi padre se sentó en el sofá conmigo, se tapó con la manta y acercó su frente a la mía, de lado, como saludo. Hacía como que rebuscaba en mis mangas, como si me fuera a mirar el móvil. Me contó que cuando él era pequeño por poco lo roban, si, sí. Salió a correr él solo desde su calle hasta la Gran Vía. Llevaba unos pantaloncillos mal cosidos y unos calcetines largos. Entonces vio un coche negro y largo aparcado enfrente de la iglesia y desde dentro un hombre vestido con corbata le hacía así y así. y él, que era muy pequeño, se quedó parado, dijo que no y echó a correr otra vez la calle arriba hasta llegar a su casa. Y se preguntaba mi padre, allí en el sofá, no dejando ver la tele a nadie, que dónde estaría él ahora si se hubiera acercado al coche, que tenía matrícula extranjera.

20 de marzo de 2013

Corinto

Mi padre me contó en el coche que estaba pensado comprar un foco potente porque hay una pared enorme al lado de la cochera que no sirve para nada, detrás de los arcos y bueno, su idea era colocarnos a cada uno de sus hijos de perfil frente al muro, enfocarnos con el foco y trazar una línea en el muro rodeando nuestra sombra. Claro, luego habría que pintar de oscuro en interior y así nos tendría a todos retratados cerca de la cochera para mirarnos y acordarse. Nos pondría en orden, primero la mayor, y así.

18 de febrero de 2013

avizor

Mi padre cogió el jarrón de porcelana gris de la bolsa de la basura que trajo de casa de mis abuelos. Le arrancó uno de los pájaros que lo adornaban de un golpe seco. Se subió a una escalera y lo encajó en el hueco de un ladrillo, y allí lo dejó. Porque un día al salir de la cochera se dio cuenta de que había un pajarito allí escondido, arriba, en el hueco. Lo veía cada día al apagar las luces y cerrar la puerta. Hecho un ovillo, tiritando, muy cerca del techo. Otra vez que lo vio le hizo una foto y se la enseñó a su padre. A mi abuelo le gustó y quiso ver el pajarillo, uno de los últimos días que vino a vernos. Allí lo encontraron y al mirarlo sonreían los dos, de manera muy parecida.

6 de febrero de 2013

2007



Y el sol
Da la vuelta a la tierra
Y regresa
Y entonces la calle se llena de trabajo y de ruido
Entonces...
Por eso desconfío
Yo me voy a la cama
Porque la vida es trabajo
No me gusta el trabajo pero amo la vida
Y voy a ver a qué se parece
Sin dar golpe, sin hacer demasiado
Los hay que no comprenden la vida
A las seis de la mañana ya están levantados
Lo cual no hace ninguna gracia ciertamente
Lo cual desagrada casi tanto como la llovizna

Boris Vian
Vals amarillo. 


Hay días hechos con arena de reloj, un engranaje casi líquido que cabe
en la mano, funcionando con exactitud sólo dejándose caer. Las seis de
la mañana y el cielo es una curva eléctrica, un azul increible y la
luna como un animal mirando, sin parpadear. Caen las seis de la mañana
y se columpian pájaros en las pestañas del ojo de patio, humea un té
de pólvora y el primer cigarro de la mañana. No me gusta el trabajo
pero amo la vida, claro, casi siempre recuerdo a Boris Vian cuando a
las mañanas le falta música. El cielo, el brillo, el tabaco y hacer
tiempo para despertar a mis hijos. su olor pequeño. Y todo encaja con
esa exactitud, todo esto es real. El vestirnos deprisa, cojer el
coche, jugar al tetris con los coches en la autovía pasando el bosque
de los alfileres sonrientes y las grúas que hoy son buitres devorando
edificios hasta dejarlos en los huesos. no es mármol, sino cristal lo
que cubre las paredes de ese edifico pecera que no refleja sino que
contiene las luces móviles de la autovía que no son coches sino peces
de colores que brillan en la oscuridad.

(Publicado en el blog rojo, año 2007)